Have you seen her?
Una pista de basket en Milwaukee, Robert Indiana, los Knicks, Grateful Dead, Freaks and Geeks, MF DOOM, Cable y mi opinión no pedida sobre Boards of Canada
Empecemos la casa por el tejado. El tejado en en esta newsletter suele ser la NBA. La parte que alguno se salta. La parte que va en las páginas naranjas en EL LIBRO. Pero sepan que no todo es lo que parece y ya anticipo que este hilo mental, este divagar, acabará en otro lado y que por el camino nos encontremos unas cuantas conexiones no sé si pertinentes, pero cuanto menos curiosas. Las mejores finales de la NBA en unos cuantos años –por juego, repercusión y, sobre todo, memética– merecen comenzar por aquí, aunque ya hayan pasado bastantes días y ya parezca una noticia del pleistoceno.
10 de junio. Cuarto partido entre New York Knicks y San Antonio Spurs. Madison Square Garden. Un espectador de los Knicks –o bien famoso, o bien importante o, simplemente, forrado viendo el precio de las entradas– se levanta para ver mejor el tiro libre de OG Anunoby. Lleva una camiseta de Grateful Dead con un Steal Your Face en el cual en vez del rayo característico hay un burruño rojo. ¿Alguien en la sala es capaz de identificarlo? Como trasnochar es algo que normalmente no entra dentro de mis planes, estoy viendo el partido en diferido. Eso me obliga a mantener el móvil lejos para evitar spoilers. Sin embargo, no puedo evitar cogerlo para hacer una foto a la pantalla, a este seguidor de los Knickerbockers que estaría preocupado y nervioso porque su equipo había vuelto a comenzar mal un partido.
OG Anunoby metió el tiro libre y también la canasta más icónica de las finales en el último segundo. El palmeo que dio la victoria a los New York Knicks en el cuarto partido de la serie. Tanto si les gusta el baloncesto como si no, recomiendo echar un vistazo a la recreación frame a frame, recorta, pega y colorea de la jugada por parte de rapruesign. Llevo un par de años siguiendo su trabajo, sobre todo relacionado con NBA y WNBA. Incluso lo que hace relacionado con ese deporte aburridísimo que es el fútbol (sorry not sorry) es bonito. Además me hace pensar a menudo en esta película preciosa de Robert Breer llamada Bang! (1986) que mi talentosa amiga Elena Duque (¡hola, Elena!) puso en la presentación de su muy recomendable libro Los pasadizos secretos. Apuntes sobre animación experimental (CCCB, 2024).
Sigamos. Los Knicks se llevaron el título merecidamente, lo cual supuso tener que aguantar a Chalamet (enzarpadísimo, allegedly) más de lo que puedo soportar. Pero también volver a ver a Kim Gordon con la camiseta de los Knicks como en la portada de Nice Ass (1994) de Free Kitten, a tener a Wu-Tang Clan tocando a mitad del cuarto partido o a recordar las fotos de MF DOOM con la equipación del equipo neoyorquino. Y pensar que él y Lou Reed estarán contentos en algún lugar. Sirva esto de puente a mi disco favorito de este mes, o al menos el que más he escuchado:
Super What? es la segunda colaboración de MF DOOM con Czarface –Esoteric, 7L y Inspectah Deck de Wu-Tang Clan–. Publicado en 2018, es el primer disco póstumo de nuestro rapero enmascarado favorito. 10 canciones, 26 minutos. Todo bien, todo mayúsculo. No sobra nada. Tiene colaboraciones de Del The Funky Homosapien o DMC, que también estaba en los partidos de los Knicks celebra que te celebra. La portada es de L’Amour Supreme que homenajea al icónico número 216 de Daredevil, publicado en marzo de 1985 y dibujado por David Mazzucchelli. El disco, aparte de referencias a cómics de Marvel y a baloncesto, tiene una pulla hacía Thom Yorke –o yo quiero interpretarlo así–. Si haces eso, estás en mi equipo. Y por si fuera poco todo lo dicho, alguna edición incluía un cómic con guión de Esoteric y dibujo de Benjamin Marra. Mi cumpleaños es en enero.
Abro un pequeño paréntesis, aunque después de la foto retomo los hilos. Dar las gracias a todos los que vinieron a la presentación de hace unos días en Terranova era la puerta natural, en vez del tejado metafórico de la primera línea, por donde empezar esta carta. Así que, allá voy. Muchas gracias a Roger por una presentación excelsa y muy divertida; a Erica por unas fotos estupendérrimas; a Carla por estar en primera fila evitando así nervios y vergüenzas; a los que compraron el libro; a los que pidieron que se lo firmase; a los que desvirtualicé –importante en estos tiempos–; a Terranova por acogernos, y a las señoras que se quedaron fuera, mirando el escaparate como diciendo: “¿Pero esto qué es?”.
Una de las preguntas de Roger tuvo que ver con futuras obsesiones que desarrollar en El Drugstore. Nombré la New Weird America, Buffy, cazavampiros o Freaks and Geeks como temas que están en la nevera, aunque viendo la temática de esta carta, sería mejor cambiar de metáfora y decir que están en el banquillo. No sabía que en cuanto llegase a casa, después de un rato de scrolleo agotador, encontraría ese nuevo tema que me fascinaría y que no podía dejar sin comentar. Bienvenidos a Mecca:
Volvemos a una pista de baloncesto. Pero no a una cualquiera. Como dice el titular del artículo más completo sobre el tema que he encontrado, Mecca es donde el baloncesto se convierte en arte contemporáneo. Mecca fue la pista de los Milwaukee Bucks entre 1968 y 1988; los de Lew Alcindor antes de ser Kareem Abdul-Jabbar, los del mejor logo de la NBA, el ciervo Hanna-Barberiano de los ochenta. En 1977, unos Bucks ambiciosos tras haber ganado un título contratan a Robert Indiana, autor de la icónica estatua Love que, en dos o tres dimensiones, todos hemos visto. Hasta Rage Against The Machine le homenajearon en Renegades.
“La inversión, financiada en gran parte con fondos públicos, es simplemente enorme. El halo de misterio que rodea el resultado final, sumado a una larguísima espera, comienza a alimentar el descontento en toda la ciudad. Algunos periodistas no están convencidos, declarando: «Con todo ese dinero podríamos haber repintado la Capilla Sixtina». En 1977, Indiana finaliza la que aún se considera la mayor obra de Pop Art del mundo: un estadio completo que se convierte en una verdadera obra maestra. Una instalación artística de baloncesto que miles de personas pueden disfrutar. La madera, pintada íntegramente por Robert Indiana, es amarilla, con dos M espejadas hechas de madera más clara. Las dos áreas y el círculo en el centro de la cancha, son rojas. En el centro también encontramos las letras MECCA , acrónimo del nuevo Milwaukee Exposition Convention Center and Arena”.
Milwaukee, estado profundamente conservador, no parece el mejor sitio para el pop art, pero son los setenta y, también en el estado de Jeffrey Dahmer y Spencer Tracy, todo era posible.
Los Bucks juegan allí durante diez años, en los cuales siempre llegan a playoffs. Después pasan al Bradley Center que tardará ocho temporadas en conocer un partido de postemporada. Mecca no era solo un obra de arte, sino que además daba suerte. Al año de irse los Bucks, Grateful Dead –sí, ya estoy otra vez–, tocan dos noches seguidas. El 14 y 15 de abril. En Archive.org tienen los conciertos:
Sin embargo la cancha se desmonta al poco de irse los Bucks a su nuevo estadio. Se guarda en un almacén donde se queda hasta que en 2010 Andy Gorzalski, fan del equipo desde niño, decide endeudarse y comprarlo por 20.000 dólares. El típico parqué de Robert Indiana que te compras en un arrebato. Andy diciendo “aguántame el cubata” antes de entrar a pedir una hipoteca. En 2018 consiguen montar la pista de nuevo y los Bucks de Giannis Antetokounmpo juegan un partido con el parqué de Robert Indiana. Como homenaje y para sacar unas camisetas conmemorativas con las cuales hacer pasar por caja a nostálgicos y curiosos. Sin embargo, la obra de Indiana a día de hoy sigue en un almacén esperando que alguien la saque a pasear y cuando alguien habla de la meca del baloncesto se refiere al Madison Square Garden o a Rucker Park en Nueva York.
Hasta aquí lo que tiene que ver con el deporte de meter una pelota naranja en una cesta de melocotones. Así empezó, y ahora un entrada para las finales cuesta el doble de lo que pagó Andy por la obra de Robert Indiana. Si fueron a la presentación, o si son observadores, verán que me dejo para acabar una conexión. Para tan señalado día, decidí ponerme una camiseta que me gusta mucho a pesar de lo vieja que está –ay, las camisetas blancas, más vale no encariñarse–. Es esta, hecha por Monsters Outside desde su garaje de California. La compré hace diez años cuando aún no había que hipotecarse para pagar gastos de envío a Estados Unidos. Siguen vendiéndola:
Freaks and Geeks y Grateful Dead. Combinación ganadora. Conquistado nada más verla. La celebración de los cincuenta años de Grateful Dead trajo una revalorización de una banda que ha pasado por todos los estadios de la popularidad. El característico Steal Your Face diseñado por Owsley Stanley se vio mezclado con todo tipo de imágenes. Black Flag, Crass, Snoopy, Aphex Twin o Devo han sustituido al característico rayo de los Dead. A veces con sentido –el grupo favorito de Gregg Ginn de Black Flag es Grateful Dead–, otras con poco. En cambio, poner a Lindsay Weir, personaje interpretado por Linda Cardellini en Freaks and Geeks, tiene todo el sentido. El apellido Weir de la familia protagonista de la serie de Judd Apatow es un homenaje evidente a Bob Weir. De manera explícita en un capítulo, el profe enrollado le da a Lindsay Weir una copia de American Beauty que le cambia la vida, que le hace pasar al otro lado de la carretera siguiendo a Grateful Dead en furgoneta, de concierto en concierto. “Have you seen her?”. Probablemente esté recorriendo América. Cuesta pensar en un mundo en el que seguir a un grupo que toca en estadios era económicamente viable para unos desarrapados con melena. Gente que no compraba sus entradas con un año de antelación, ni en preventas absurdas.
Y hasta aquí ha llegado este hilo que empezó con una camiseta de Grateful Dead en el Madison Square Garden y acabó con otra en Terranova y con Linsday Weir camino de algún futuro posible.
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Algunas camisetas vistas en Cable
Como ya comenté hace un par de cartas, una de las cosas que he estado haciendo en los últimos meses es la imagen del festival Cable que tuvo lugar hace una semana en el CA2M de Móstoles. Pude asistir solo a la jornada del sábado. Fue un gusto reencontrarme con gente que hacía mil años que no veía, estar con amigos que no veo tanto como me gustaría, disfrutar de conciertos, charlas y películas, y ver mi cartel por todas partes y en diferentes formatos. Como no puedo evitarlo, hice el clásico recuento de camisetas de grupos, películas o editoriales. Una tendencia observada: las camisas estampadas y las camisetas de fútbol ganan (ejem) por goleada a las de grupos, películas o editoriales. Varias menciones especiales: una para la mesmerizante camisa de manga corta de los Beastie Boys que era imposible no mirar. Otra para la camiseta de fútbol de Foo Fighters que aúna todo lo que Hector García Barnés contaba en su interesante, aunque escalofriante, artículo sobre ‘indies fifes’. No me busquen en ese concepto. Creo que el de Humo Internacional es el logo que más vi estampado en diferentes formatos y me hizo gracia toparme con la de Emo Ambient de Claire Rousay que comenté de manera no muy halagüeña hace bastantes cartas y que aparece en libro de El Drugstore. Seguro que había más, pero esto es lo que apunté:
Recomendaciones rápidas
Después del rollo que les he soltado más arriba, aquí tienen una serie de recomendaciones rápidas y una batallita:
🏝️ Canciones favoritas: “Slow Island” de Tara Clerkin Trio. Las partes susurrantes del nuevo disco no me convencen mucho, pero he escuchado un buen puñado de veces esta en el último mes. Además hace buena pareja con “Good Side” de Lifetone. En el caso de Lifetone –grupo de Charles Bullen de This Heat–, el disco, For a reason, está muy bien, pero no es tan fácil de encontrar. Hay que pasar la capa del streaming. Las dos canciones están en la playlist de más abajo.
💡🧠 Mejor inicio de un disco en mucho tiempo: el del nuevo disco de Horse Lords. Muy a favor del elemento vocal apitufado de Nina Gou y Evelyn Saylor en el último disco y en especial en “Eureka 378-B” y “Brain of the Firm”.
🤞🍀 Canción que se me pega, pero no es lo que se dice una canción pegadiza: “El inicio es cuestión de suerte” de Mabe Fratti y Bill Orcutt. Creo que ya la he puesto dos veces en las playlists del mes.
💥 Descubrimiento inabarcable: Charles Joseph Smith. Aún estoy digiriendo la antología, Collected Works and War of the Martian Ghosts, que se ha publicado este año. A seguir investigando.
👹 Un guilty pleasure: ¿Es una boutade decir que el último de Boards of Canada es un placer culpable? Probablemente. Pero es mi newsletter and I cry if I want to. Me explico. Los hermanos escoceses se han pasado con el potenciómetro de la épica, ¿no? ¿Qué son ahora? ¿Coldplay, U2? ¿Que lo tienen, al 11 como Spinal Tap? En esta casa no llevamos bien la épica. Y aún así, reconozco que me ha gustado gran parte de Inferno. El inicio es HORROROSO, el ritmillo que entra en el segundo 00:54 de “Prophecy At 1420 MHz” da una mezcla de repelús y vergüenza ajena. Sin embargo, tolero y disfruto, con cierta culpabilidad eso sí, los cánticos Hare Krishna de “Naraka” o el momento Windham Hill Records de “Deep Time” mientras enciendo una varilla de incienso. En general, lo mejor es que hay mucha gente hablando y que sigue evocando series de la BBC de los setenta con actores con muy mala dentadura (y supongo que peor aliento).
💀 Noticia que no entiendo por qué nadie ha comentado, a parte de Damon Krukowski en su newsletter: la muerte de Areski. Areski, para los que no le conozcan, era la pareja sentimental y creativa de Brigitte Fontaine. Alguien que ha estado involucrado en discos como Je ne connais pas cet homme (1973), Le Bonheur (1975) o Comme à la radio (1969), este último con Art Ensemble of Chicago, merece más reconocimiento.
🖼️ 🍆 Una exposición a la que aún llegan (dura hasta el 30 de agosto): la de Dorothy Iannone en el CA2M de Móstoles. Vista aprovechando el ir a Cable. Por sí sola justifica coger el cercanías a Móstoles. El material es una maravilla, está muy bien montada –esas paredes rojas con los marcos en blanco y negro dan mucho gusto– y pueden pasar un buen rato fresquitos.
🏰 Disco que solo, ejem, he tardado en escuchar 30 años: Palais de Madelman. Recuerdo perfectamente el número de Rockdelux en el cual salió un artículo sobre Madelman. Número 137, enero de 1997. Especial “… lo mejor del año 1996”. Eso significa que aún no había cumplido los 18 años siquiera. Mis ansias por escucharlo TODO eran proporcionales a mis pocas ganas de estudiar para selectividad. Ese fue el año del ex aequo como disco del año internacional para Tortoise y Sepultura. Mi pretérito perfecto metalero dando la mano a mi futuro interés por la música experimental. Aunque en aquellos tiempo se llamaba postrock a Tortoise. Los pobres no tienen culpa de la evolución de la etiqueta. Leí y releí ese número mil veces, apunté discos que no tenía ni idea de qué iban, fantaseé con cómo sonarían. Tardé años en escuchar el Get Lost de The Magnetic Fields, el Semtex de The Third Eye Foundation o el Feed Me Weird Things de Squarepusher. Tardé menos en conseguir House of GVSB de Girls Against Boys, Near Life Experience de Come y Technicolour de Disco Inferno, discos fundamentales en mi educación musical. Por la lista de mejores discos nacionales siempre pasaba de puntillas. Cualquier lector de El Drugstore sospechará que sigo haciéndolo; no es voluntario. Las cuatro líneas sobre Palais de la parte de “… lo mejor de 1996” no eran muy entusiastas –lo sé, lo sé, es lo que tiene RDL–, pero estaba en la tercera posición. Así que me leí –probablemente más de una vez– el artículo sobre Madelman que había en ese mismo número. Sin ser la electrónica mi interés principal con 17 años, ese artículo, igual que hizo uno sobre Autechre meses antes, despertó mi curiosidad. Era, y soy, alguien que venía de las guitarras y tenía tantos prejuicios por la música de baile como miedo a los bakalas nazis que campaban a sus anchas por aquel entonces por Madrid. Así que, por mucha curiosidad que tuviera con 17 años, sin amigos interesados en esto, con una cantidad bastante limitada de pesetas para comprar discos y con una conexión 56k a una internet que aún imaginaba Napster, nunca pude escuchar este disco. Hasta hace unos días. Lo relanzó Austrohúngaro en una versión reducida. Normalmente los director’s cuts y las reediciones son más largas que un día sin pan, así que se agradece una más concisa. A veces desconfío del afán de reeditarlo todo, pero en este caso creo que merece la pena. Palais suena actual –puede que más que hace 10 o 15 años–, importante –sin nada que envidiar a muchos de IDM de la época– y, quizá lo que más me ha sorprendido: muy elegante. Nunca es tarde si el disco está bien.














New Weird America, Buffy, cazavampiros y Freaks and Geeks. Ojalá salgan a calentar pronto.